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LOS VIEJOS ROCKEROS

JUERGA POST COVID-19

21 abril, 2020

*Aviso Importante: Este post es desde el cachondeo, las ganas de fiesta y el deseo inmenso de que todo vuelva a ser como antes del Covid -19.
Lo había empezado, recopilando todo lo que voy a hacer en ese primer momento «de libertad diurna», pero me ha quedado demasiado sentimental y he preferido escribir sobre «la nocturna»…

Así que vamos a ser fiel a nuestro estilo y a darle caña a este momento , sin filtros y al más puro estilo de Las Mamis Rockeras Nunca Duermen.
No apto para menores ¿y quizás inventado?
Nunca lo sabréis…!!

PRIMERA JUERGA POST COVID – 19

Sabré que ponerme.
Esa camiseta con la que puedo bailar y saltar, sin preocuparme de que me salga una teta por el escote, y los pantalones que mejor culo me hacen.
Aunque a estas alturas de la película, habrán perdido ese efecto.
Así será mi modelito y probablemente el tuyo.

Quizás no sabré como peinarme.
De lado para disimular las canas, o raya al medio si la raíz ha superado los 4 cm de longitud y pudiera parecer que he decidido dejar que renazca mi pelazo natural.
En esto dudo y probablemente tú también.

No dudo ni con el perfume ni con el maquillaje.
Siempre uso los mismos y hace muuuuchos días que no me los pongo en condiciones. Aunque confieso que en alguna foto de Instagram no sólo iba con labios rojos, sino también «aromatizada» hasta las trancas.
Y si yo lo he hecho, probablemente tú también.

Pero si hay algo que tengo claro, es con quien voy a pasar mi primera noche de juerga post Covid – 19, y los temazos que quiero bailar, así que el chiringo está más que decidido aunque mi acompañante aún no lo sepa.
Yo me visualizo allí y probablemente tú también.

La música suena alta, sin límites, y hay gente, mucha gente a tu alrededor.
Te sientes a tope, dándolo todo como si nunca antes hubieras vivido este momento de disfrute máximo.
Te has sacado millones de fotos cerveza en mano y participado en todos los brindis populares que ha promovido el DJ del chiringo.
Los vídeos se acumulan en la memoria de tu teléfono y aunque al día siguiente borrarás muchos de ellos, ahora mismo son de Goya.

Las horas pasan y los olores de ese bar penetran en tu piel, en tu pelo, en tu ropa perfectamente combinada. Lástima del no humo, cuando el resto de hedores hagan lo mismo y tú no te des cuenta.

Has chupado todas las piruletas de corazón de la barra a ritmo de Siniestro Total y le toca el turno a los morenitos congelados que te recordarán que mañana gracias a la resaca podrás comenzar con la dieta que has abandonado en el confinamiento.

Y es justo ahí, después de haberte desgañitado hasta el éxtasis con el Notas Musicales. Rock Chiquillaaaa Notas Musicales. Rock de Seguridad Social, cuando te das cuenta de que necesitas salir a tomar un poco de aire fresco.

Tu acompañante habla con unos colegas y decides poner rumbo a la puerta de salida, sola. Un camino complicado…en tu estado.

Cuando respiras profundamente ya en la calle, una ola de felicidad te invade. Pareces haber olvidado los días en casa sin poder salir, el teletrabajo, el tele-cole, la tele-cocina, el tele-yoga y cualquier otro «tele» que haya llegado a tu vida gracias al Covid – 19.
No eres consciente del ritmo de cervezas desenfrenado que te has marcado y te sientes perfecta como para intentar llamar a ese alguien con el que habías quedado y no ha aparecido, a ese alguien que crees que puede estar cerca, o a ese alguien con el que sientes unas ganas irrefrenables de hablar.

Coges tu teléfono y aunque tardas en visualizar la M en tu listín de colegas, finalmente le das a la tecla de llamada…


Piiiii…..Piiii….
«Diga?» – Responde una voz somnolienta que no tiene pinta de estar en el mismo rollo que tú.
«Moniiiii!!!!! dónde stashhhhhhhhhh? Gijón se mueeveeeee amigaaaaa….» – Le espetas mientras bailas y mueves tus brazos como si la tuvieras delante.
Un tenso silencio se apodera de la comunicación, hasta que oyes:
«Rebe, ¿eres tú?»

Y entonces sabes que la has líado.
Lo único que se te ocurre es correr y darle tu teléfono al segurata del chiringo. Sí, ese que no te ha quitado ojo según has salido y no porque estés buena, sino porque le has llevado por delante sin darte cuenta.

«Pero señora, ¿qué hace?».- Te pregunta apartándose del terminal que le has incrustado en su mandíbula.
«Cuelga, cuelga pod favor…que es mi madre…he llamado a mi mhadre sin querer…»
Él te obedece, no sin antes resoplar y te devuelve el arma que ahora reposa en tus manos de hija acojonada.

De repente, el puto aparatito empieza a vibrar y una foto de tu madre con tus hijos, aparece en primer plano. Sientes unas ganas enormes de tirarlo por la alcantarilla más cercana, pero la neurona que aún funciona te ilumina con lo que puedes hacer y respondes muy digna:

«Mamá qué pasa stshhh biennnn?»
«Rebe me has llamado tú»
«No, yio no te llamé»
«Ya…¿dónde estás?».
«En la camah mamá…dónde voy a starrrrr a stas horas?»
«Ya…»

Después del segundo «ya» consecutivo, el resto de la conversación, carece de sentido.
Puede que cuelgues el teléfono, creyendo haber convencido a tu señora madre o puede que sepas que mañana te tocará retahíla sí o sí, eso es lo de menos.

Lo que sí te ha quedado claro, es que jamás, ¡JAMÁS! volverás a llamar a ningún colega que empiece por M más allá de las 5 de la mañana.
Y menos en la primera noche de juerga post Covid – 19, en la que celebraremos que somos libres, incluso para inventar y publicar una historia como esta.

Ánimo banda mía!! Ya queda menos para bailar!!

*Aviso importante 2: Pero si a ti te ha pasado, probablemente a mi también…